Cultura en tiempos de pandemia

La supervivencia de la cultura nacional siempre ha pendido de un hilo. No deberíamos, en principio, negar esta premisa. Y siempre han sido los propios trabajadores de ésta quienes han luchado por mantenerla con vida… ellos y aquellos que realmente la quieren y la aprecian. Por lo tanto, hablar de cultura en tiempos de pandemia no debería ser muy diferente a cómo hablábamos antes de ella. ¿O sí?

| Quiénes invierten en cine |

Los diferentes partidos políticos la han dejado en un segundo lugar de manera totalmente deliberada y han hecho uso de ella de forma muy conveniente, según lo que llamemos cultura, para enorgullecerse de unos colores o unas ideas políticas. Los recortes en el sector siempre han estado sobre la mesa de cualquier negociación para los presupuestos. Y mientras unos y otros quieren poner límites a lo qué es o no es cultura, ¿quién la protege? Los de siempre.

Podemos tener múltiples plataformas de VOD (video on demand; en español, video bajo demanda) en casa, en las cuales pasamos más tiempo mirando los catálogos que disfrutando el contenido, y serán éstas grandes plataformas las que pongan el talonario encima de la mesa. Netflix, HBO, Amazon y ahora el conglomerado Disney, miran desde hace tiempo con ojos golosos el mercado hispanohablante y están haciendo estudios de mercado locales muy exhaustivos para captar y mantener a los suscriptores con contenidos más personalizados para cada región.

Incluso, en nuestro país, varias de estas grandes marcas han abierto enormes estudios de producción audiovisual y las presentaciones de sus campañas de marketing están siendo una carrera de creatividad, competitividad y gasto de dinero: aunque ya conocemos a las marcas, es importante conocer el contenido de marca específico que están haciendo para cada zona en la que trabajan. Por ello, las inversiones son de infarto.

| Y quiénes reciben la inversión |

Viene ya de lejos la coletilla de que el mundo cultural español está subvencionado. Y aún habiéndose demostrado que hay múltiples sectores (como el de la automoción, por ejemplo) que reciben cantidades mucho mayores de ayudas, el San Benito aún no se lo ha quitado de encima, sobre todo el mundo del cine. A ello, desde luego, no ha contribuido el fraude de unos cuantos, pero deberíamos también repasar las perdidas fiscales en otros sectores por fraudes, ayudas a dedo y malas gestiones.

Tampoco parece ser que el hecho de que España sea uno de los países que menos ayudas públicas dedican a su sector cinematográfico (la vecina Francia cuadruplica estas ayudas e Italia lo duplica) sirva para desmentir el rumor eterno. Las ratios de exhibición cinematográfica nacional-extranjera son de los más bajos también en nuestro país, lo que influye enormemente en las recaudaciones en la taquilla y los beneficios de vuelta a las arcas públicas.

Las grandes productoras/distribuidoras en nuestro país ponen bastante dinero, sí (aunque no tanto si nos ponemos a indagar en costes nacionales e internacionales, en ayudas y deducciones fiscales, etc.) para sacar dos o tres productos punteros al año, que normalmente suelen estar sujetos a su éxito fuera de nuestras fronteras. Pero ya. Apenas invierten en contenidos nuevos y su negocio se sostiene en base a la compra de contenidos ya producidos a la carta.

Rumores del cine español

Quizás gran parte de este pensamiento generalizado, basado en rumores, nace de la educación cultural que recibimos y de un deje tradicional de desprecio a lo nuestro, perpetuando los mitos más conocidos:

  • El cine español es de mala calidad.
  • En el cine español siempre se tratan las mismas temáticas (como la Guerra Civil).
  • Sólo hacen películas los de siempre.
  • Las comedias son las únicas que generan dinero.

Deberían preguntarle a las pequeñas productoras, como 1235 Producciones, cómo consiguen sacar adelante nuevos proyectos cuando no pueden acceder a esas ayudas porque no cumplen los requisitos de la convocatoria; preguntar a las pequeñas distribuidoras el riesgo que supone apostar por algo nuevo, un nombre desconocido o una temática que no sea para el gran público; hablar con aquellos que integran todos los departamentos, cuyo sustento peligra una y otra vez, cómo sobreviven entre producción y producción (si es que lo consiguen); deberían preguntar a esos cines de barrio, que ya casi no existen, cómo era la vida diaria antes de convertirse en una gran tienda textil. Deberían.

Rumores vs. realidad

Pero suponemos que, aun teniendo esas contestaciones, una gran parte de la población que asume esos rumores como pensamiento propio, seguiría negando la realidad del cine español hoy en día:

  • La calidad del cine español no sólo está reconocida dentro de nuestras fronteras, sino también fuera. Y no estamos hablando sólo de premios en festivales, que también (sólo hay que darse una vuelta por los circuitos de estos últimos cinco años)
  • Aunque haya películas sobre la Guerra Civil, no hay notablemente más que en otros países que hayan tenido acontecimientos iguales o similares. Las temáticas son, cada vez, más variadas y acogen a más tipos de público. Y esto se hace notar en festivales o pantallas de distribución especializadas.
  • Es un deporte de alto riesgo intentar producir cualquier tipo de material audiovisual, de acuerdo, pero no sólo existen los proyectos de los de siempre. El surgimiento de otras formas de distribución y proyección; la estandarización del acceso a los medios de producción y el abaratamiento de costes; y el gran talento que hay, un aspecto muy importante, están dando lugar multitud de proyectos diversos.
  • Las comedias pueden ser una de las partes más visibles de la taquilla a nivel general, pero nos gusta ir al cine y consumir cine. Todo tipo de cine. Por eso hay que darle más oportunidades a todo tipo de géneros de ser exhibidos.

| La cultura es de todos |

Por lo tanto, si además de los curritos de siempre que siguen esforzándose en crear y mantener el tejido cultural, como sociedad protegiéramos nuestra cultura, la rumorología iría desapareciendo hasta quedar en algo anecdótico. Y eso, desde luego, nace cuando empezamos a recibir desde nuestra más tierna infancia una sólida educación también en humanidades. Enseñarnos a cultivarnos artísticamente y enriquecernos con las artes es una asignatura pendiente que ningún gobierno ha sabido aprobar, pero claro, tenemos primero que partir del hecho de qué tipo de ciudadanos quieren esos gobiernos: ¿ciudadanos con una formación de mente y espíritu, o simple peones de la cadena?

Así pues, quizás la cultura en tiempos de pandemia no sea tratada de manera muy diferente a como lo fue en tiempos antes de la pandemia.

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La cultura nacional siempre ha estado pendiendo de un hilo. ¿Es igual hablar de la cultura en tiempos de pandemia que antes de ella?
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